miércoles, 25 de abril de 2012

Imaginando casas e higos.

Cada vez se puede decir que, un sector de la población, en el que se puede considerar en el que me encontraría, vivimos dentro de un sistema el cuál nos dice qué vestir, qué comer o cómo vivir. No nos planteamos el origen de los productos que llegan a la cadena de supermercados dónde compramos, tampoco si son de calidad o si, realmente, nos conviene alimentarnos de ellos. Muchas veces, nuestro máximo interés es la velocidad en que se cocinan para poder comerlos rápidamente y, así, poder seguir con nuestra rutina cargada de falsas responsabilidades.
Por un momento visualiza donde vives. Si es en una ciudad lo más probable es que vivas en un edificio, con casa similares a la tuya arriba y abajo, con otros edificios frente a ti. Puede que tengas una carretera hacía donde da tu ventana o, con suerte, tengas una calle peatonal o un jardín. La relación en un edificio será de buenos días, buenas tarde y buenas noches con tus vecinos en las escaleras, rellano o ascensor. Tal vez el otro espacio común con éstos sea el garaje. En ningún momento existe el planteamiento de vecindad más que en las reuniones de vecinos en las cuales, es probable, que pocas palabras bonitas se escuchen al respecto, si es que en alguna van más que los vecinos de siempre.
Ahora imagina lo siguiente. Imagina más que un edificio una urbanización, un conjunto de viviendas de apariencia similar, sin muchas casa por edificio, no más de seis viviendas por cada uno distribuidas en dos bloques. En el interior, cada casa tiene una buhardilla y, con el fin de que aquellos pisos inferiores puedan hacer un buen uso de ésta y no tengan que estar bajando y subiendo escaleras, se incluyen dos baños comunes en cada edificio. ¡Baño común! ¿Qué es eso de compartir el baño con un vecino? ¿Quién pagará el coste del agua?. Bueno, para el agua también es dividido el gasto no por quien consume, sino entre todos los pisos de ese edificio. ¿Eso no podría generar un uso abusivo por parte de algunos ya que se dividen los costes? Puede ser, pero también puede generar un consumo responsable de éstos al estar dividido, el coste, entre todos y podría generar que se actuara como nos gustaría que actuaran con nosotros.
Y, ¿qué habría fuera del edificio? Pues la urbanización estaría llena de jardines, de espacios para que los niños jugaran, habría una pista de deporte, una zona con una mesa de ping pong bastante amplia que permitiría que se pudieran celebrar cumpleaños sin necesidad de recurrir a zonas privadas que debas pagar previamente por su uso e, incluso, si tuviera la suerte el niño de nacer en verano, con una piscina. Pero, tantos servicios comunales, ¿no se desgastarían?, ¿no se abusarían de su uso debido a la lógica de consumo racional imperante en este sistema y esgrimida en las escuelas de economía referente a los usos comunales? ¿qué ocurrirían con los peces?. Bueno, todo depende de la educación, de la confianza en aquellos con los que convives. Pero, y ¿si además se dijera que dicha urbanización no tiene nada que la delimite? Imagina que ella no tuviera una verja que lo separe de "lo ajeno a ella", cualquiera pudiera pasear por sus jardines o sentarse en el banco de una calle peatonal, es decir, no es tanto la confianza hacia el miembro de ella, sino también al que no es de ella.
Todo ello existe, es dónde yo pasé los primeros años de mi vida. Es paradójico ya que fue dentro de la región de una capital, dentro de las denominadas como "ciudades dormitorio" donde se consideraba que los niños no jugaban en la calle, no sabían que era la tranquilidad y apenas habría relación con los convecinos. Lo más gracioso es que eso me pasó al mudarme a una ciudad de provincia.
Tal vez, quien lea estas palabras podría rebatirme que eso fue años atrás que, además, el sitio al que me refiero fue construido por una especie de agrupación de personas con cierta base ideología comunista. Pero a ello se puede contestar con otra pregunta, ¿cómo ha podido perdurar ese respeto a lo común, ese vínculo vecinal, durante 25 años sin necesidad que esté sustentado en una base ideológica determinada?.
A ello podría contestarse con que eso fue entonces y, como está ya arraigado en los vecinos el respeto y el uso común, éste se transmite entre sí como una norma social. Puede ser, pero ello no podría responder a que, a fecha de 2012, he recibido una carta en la que se ha puesto a disposición de los vecinos zonas de cultivo comunales. En ellas se podrá arrendar pequeños espacios en los que, cada uno, podrá cultivar su propia tierra, obtener sus propios productos etc. siendo conscientes de la calidad de éstos, el cuidado etc. Ello fue decidido en una reunión vecinal, lejos de esas en las que van pocas personas y en las que se habla a gritos, sino decidido por la mayoría de los vecinos con una práctica democrática de ello.

Puede ser que el sistema nos influya hasta el punto de no ser conscientes de ello pero existen experiencias que nos pueden abrir los ojos hacía otra nueva perspectiva, hacía un nuevo camino o, sino, ser una alternativa más, pequeña, pero alternativa a la que poder acudir.

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