Cada vez se puede decir que, un sector de la población, en el que se puede considerar en el que me encontraría, vivimos dentro de un sistema el cuál nos dice qué vestir, qué comer o cómo vivir. No nos planteamos el origen de los productos que llegan a la cadena de supermercados dónde compramos, tampoco si son de calidad o si, realmente, nos conviene alimentarnos de ellos. Muchas veces, nuestro máximo interés es la velocidad en que se cocinan para poder comerlos rápidamente y, así, poder seguir con nuestra rutina cargada de falsas responsabilidades.
Por un momento visualiza donde vives. Si es en una ciudad lo más probable es que vivas en un edificio, con casa similares a la tuya arriba y abajo, con otros edificios frente a ti. Puede que tengas una carretera hacía donde da tu ventana o, con suerte, tengas una calle peatonal o un jardín. La relación en un edificio será de buenos días, buenas tarde y buenas noches con tus vecinos en las escaleras, rellano o ascensor. Tal vez el otro espacio común con éstos sea el garaje. En ningún momento existe el planteamiento de vecindad más que en las reuniones de vecinos en las cuales, es probable, que pocas palabras bonitas se escuchen al respecto, si es que en alguna van más que los vecinos de siempre.
Ahora imagina lo siguiente. Imagina más que un edificio una urbanización, un conjunto de viviendas de apariencia similar, sin muchas casa por edificio, no más de seis viviendas por cada uno distribuidas en dos bloques. En el interior, cada casa tiene una buhardilla y, con el fin de que aquellos pisos inferiores puedan hacer un buen uso de ésta y no tengan que estar bajando y subiendo escaleras, se incluyen dos baños comunes en cada edificio. ¡Baño común! ¿Qué es eso de compartir el baño con un vecino? ¿Quién pagará el coste del agua?. Bueno, para el agua también es dividido el gasto no por quien consume, sino entre todos los pisos de ese edificio. ¿Eso no podría generar un uso abusivo por parte de algunos ya que se dividen los costes? Puede ser, pero también puede generar un consumo responsable de éstos al estar dividido, el coste, entre todos y podría generar que se actuara como nos gustaría que actuaran con nosotros.
Y, ¿qué habría fuera del edificio? Pues la urbanización estaría llena de jardines, de espacios para que los niños jugaran, habría una pista de deporte, una zona con una mesa de ping pong bastante amplia que permitiría que se pudieran celebrar cumpleaños sin necesidad de recurrir a zonas privadas que debas pagar previamente por su uso e, incluso, si tuviera la suerte el niño de nacer en verano, con una piscina. Pero, tantos servicios comunales, ¿no se desgastarían?, ¿no se abusarían de su uso debido a la lógica de consumo racional imperante en este sistema y esgrimida en las escuelas de economía referente a los usos comunales? ¿qué ocurrirían con los peces?. Bueno, todo depende de la educación, de la confianza en aquellos con los que convives. Pero, y ¿si además se dijera que dicha urbanización no tiene nada que la delimite? Imagina que ella no tuviera una verja que lo separe de "lo ajeno a ella", cualquiera pudiera pasear por sus jardines o sentarse en el banco de una calle peatonal, es decir, no es tanto la confianza hacia el miembro de ella, sino también al que no es de ella.
Todo ello existe, es dónde yo pasé los primeros años de mi vida. Es paradójico ya que fue dentro de la región de una capital, dentro de las denominadas como "ciudades dormitorio" donde se consideraba que los niños no jugaban en la calle, no sabían que era la tranquilidad y apenas habría relación con los convecinos. Lo más gracioso es que eso me pasó al mudarme a una ciudad de provincia.
Tal vez, quien lea estas palabras podría rebatirme que eso fue años atrás que, además, el sitio al que me refiero fue construido por una especie de agrupación de personas con cierta base ideología comunista. Pero a ello se puede contestar con otra pregunta, ¿cómo ha podido perdurar ese respeto a lo común, ese vínculo vecinal, durante 25 años sin necesidad que esté sustentado en una base ideológica determinada?.
A ello podría contestarse con que eso fue entonces y, como está ya arraigado en los vecinos el respeto y el uso común, éste se transmite entre sí como una norma social. Puede ser, pero ello no podría responder a que, a fecha de 2012, he recibido una carta en la que se ha puesto a disposición de los vecinos zonas de cultivo comunales. En ellas se podrá arrendar pequeños espacios en los que, cada uno, podrá cultivar su propia tierra, obtener sus propios productos etc. siendo conscientes de la calidad de éstos, el cuidado etc. Ello fue decidido en una reunión vecinal, lejos de esas en las que van pocas personas y en las que se habla a gritos, sino decidido por la mayoría de los vecinos con una práctica democrática de ello.
Puede ser que el sistema nos influya hasta el punto de no ser conscientes de ello pero existen experiencias que nos pueden abrir los ojos hacía otra nueva perspectiva, hacía un nuevo camino o, sino, ser una alternativa más, pequeña, pero alternativa a la que poder acudir.
Este blog, como su nombre indica, pretende ser como todo lo que se encuentra debajo de la cama. Puedes encontrar desde tu peluche de la infancia, hasta un boli roto o un libro más que interesante. Todo tiene cabida en este espacio pero, sobretodo, pretende generar la ilusión de encontrar aquello que dabas por perdido y que estaba, como todo, debajo de la cama.
miércoles, 25 de abril de 2012
sábado, 21 de abril de 2012
Granaderos, dragones, balones y diablos.

Hace ya una semana que surgió la idea de esta entrada pero, hasta el momento, me ha sido imposible sentarme frente al pc. para transformrarla desde el mundo de las ideas al mundo de las letras tecleadas en un ordenador y compartidas por internet.
La pasada semana tuve la oportunidad de participar en un desfile típico de la ciudad en la que resido. Desde que estoy en esta ciudad he visto el desfile, año tras año y, cuando era más pequeña, las diferentes comparsas producían diferentes sensaciones o emociones en mi. Existían aquellas que me hacían sonreir, otras que me hacían soñar y otras que, aunque pueda sonar raro, me daban miedo y, entre ellos los diablos.
El motivo por el que participamos en el desfile, porque no desfilé yo sola de mi grupo de amigos, era que pedían en una asociación voluntarios y vaya, nos animamos, una forma nueva de vivir las fiestas regionales. Una vez allí, irónicamente, nos tocó disfrazarnos de Diablos (ahora es cuando tiene sentido el párrafo anterior).
De pequeña no me plantee quién podría ir debajo de esas feas máscaras rojas y negras (para corroborarlo, está la foto del post), suponía que era gente joven pero no me plantee qué les motivaba a ello, sólo me centraba en el miedo que me generaban esas caras y esos tridentes que, aunque sabía que eran de juguete, no me hacían ninguna gracia.
Al estar bajo la máscara me encantó ver las reacciones de los niño@s. Niñ@os que podrían tener la misma edad y que, a cada uno, le evocaba algo distinto los diablos que tenían ante si. Algunos sonreían, querían fotos con nosotros otros, por su parte, nos tenían miedo, no querían saludarnos y, una pequeña minoría, tomaban la iniciativa para interaccionar con nosotros. Estuve planteándome todo el desfile (mientras no dejaba de bailar, saludar, chocar manos y sujetar la cabeza que era imposible mantener sobre mi sin mis manos ...) la diferencia de los niñ@s, cómo algunos podrían no tener miedo y, cómo otros, se asustaban tanto (y, sin poder evitar recordar como eso me pasaba a mi). Me plantee cómo podría influir ese miedo inicial en el desarrollo de los pequeños, si ese miedo se mantendría, desaparecería o se transformaría, qué había influido en su educación para dicha actitud etc. Muchas preguntas se plasmaban ante mi.
Respecto al desfile, sin duda, debido a mi experiencia como niña-miedosa decidí centrarme en aquellos que tenían más miedo y aproximarles a esa criatura roja y negra fea que tenían ante ellos. Algunos se sorprendían que, cuando el diablo se levantaba la cabeza, había una chica bajo él, otros tenían reticencia a darme la mano pero algo de valentía salía de ellos y venían a darla, incluso una niña decidió que el diablo al que tenía miedo se merecía un beso de ella.
Otro aspecto que también me sorprendió es cómo todos cambiamos nuestra forma de comportarnos en función de si podemos ser o no reconocidos. Particularmente prefería llevar la cara tapada, más que nada, porque sigo teniendo algo de esa niña miedosa y vergonzosa pero, lo que no me imaginaba, es que el tener la cara tapada iba a generar que no dejara de bailar durante el desfile ante miles de ojos alrededor de él (en condiciones normales me hubiera negado y, más, sin máscara) o a hacer el tonto. Sé que es lo que se esperaba de nosotr@s pero no pensé que lo llegara a hacer.
En fin, como experiencia, genial. No sólo por colaborar con una asociación (aunque he de decir que pensábamos que lo que íbamos a hacer era distinto, pero bueno) y la sensación positiva que suele generar las experiencias de voluntariado, sino por la propia experiencia en si. Por ver las caras de los niñ@os y ser, en cierta parte, motivo de su ilusión, por los sentimientos y sensaciones producidos, por hacer algo diferente, por tantos motivos que si empezara a enumerarlos me quedaría sin espacio en la entrada. Pero, pese a todo lo positivo, he de decir que fue algo agridulce, desde el punto de vista personal, porque de cuatro que íbamos a participar, al final sólo quedamos tres y se añoró a la diablilla que no pudo ponerse la máscara.
Lo cierto es que, pese al feo diablo, bajo la máscara no podía evitar la pequeña diablesa una sonrisa que tardó tiempo en quitar y que, cuando recuerda el momento, vuelve a aparecer.
jueves, 12 de abril de 2012
Primera entrada
Tras mucho tiempo pensándolo he decidido abrir mi primer blog sola. Es cierto que he llevado blogs en compañía pero siempre, por unas cosas u otras, se han quedado a medio los proyectos. Pero, ¿cuál es el motivo que me haya animado ahora?
Siempre he sido reacia a escribir por aquí, nunca he considerado que lo que tuviera que decir fuera más interesante que lo que otra persona podría escribir, soy de las que, aunque en ocasiones no lo parezca, prefiero el silencio a palabras vacías de sentido, de esencia, de sentimientos y de sinceridad.
Por otro lado dije que, cuando abriera mi primer blog, sería cuando me hubiera ido de la ciudad en la que resido con el fin de contar anécdotas, mantener el contacto con gente o, directamente, ser una forma de desahogo pero, ese momento, parece que se retrasa. Pese a ello, he llegado a la conclusión que lo mismo que el mismo contenido que podría dejar transcrito en ese blog llamémoslo "viajero", puede quedar aquí también reflejado.
Es por todo esto que podría ser que aquellos que me conocen no sepan de la existencia del blog hasta dentro de bastante tiempo, cuando me anime a compartirlo, a ser juzgada, a ser un poquito más observada.
Bueno, sin mucho más que decir, me despido saludando a los ojos que se posaron en estas letras que un día fueron tecleadas por mis dedos.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)