Este blog, como su nombre indica, pretende ser como todo lo que se encuentra debajo de la cama. Puedes encontrar desde tu peluche de la infancia, hasta un boli roto o un libro más que interesante. Todo tiene cabida en este espacio pero, sobretodo, pretende generar la ilusión de encontrar aquello que dabas por perdido y que estaba, como todo, debajo de la cama.
lunes, 25 de junio de 2012
Un embarzo
Es irónico que lleve intentando publicar algo sobre este embarazo. Vaya, estos nueve últimos meses, nada de chupetes, pañales sucios y demás, sólo una forma de medir el tiempo en algo que no sean meses, minutos o segundos, sino en forma de dar vida, porque, al fin y al cabo es lo que creo que en parte ha sido.
Lo cierto es que no fue hasta que anoche pasé por la autovía al lado de, por mucho que me duela, ha sido mi facultad y me decidiera que hoy, si o si, escribiría el borrador definitivo del embarazo (ya he tenido tres abortos, al menos no fueron 6 como la FPU).
Para aquellos que no quieran sucumbirse en las tres mil palabras, el resumen puede quedar descrito en soho, redes, risas, cervecillas, music, buenos momentos...pero, sobretodo, el resumen se puede hacer en una palabra: Personas. Pero, ¿y qué hay del estudio? Ese es otro tema...
El primer día de clase lo recuerdo como si fuera ayer, los nervios de no perder el autobús, qué me iba a encontrar, cómo serían mis nuevos compañeros. Estaba ante algo que me encantaba y que quería hacer, estudiar cooperación al desarrollo. Aunque pronto me dí cuenta que subestimé el efecto de las palabras "Desarrollo Económico" en el titulo del mismo.
Ese primer día no estuvo mal, salvo porque, para variar, decidí sentarme donde me sentía cómoda: segunda fila, lado izquierdo. Al poco de sentarme comenzaron a rodearme personas que no tenían pinta de ser estudiantes (o si eran, tenía compañeros algo mayores a lo que me esperaba). Pero si, lo volví a hacer, para variar volví a rodearme de profesores (y yo que quería evitar eso este año por todos los medios, fue una "buena" forma de empezar). Tras ello hubo una pequeña merienda y, vaya, empecé a conocer a quienes serían mis compañeros de clase.
Las clases, pues ahí fueron, demasiado económicas para mi gusto, que VAN que si TIR que si...¿Dónde está lo social? Casi me da algo. Fueron unos meses algo difíciles para mí, he de admitirlo. No me encontraba cómoda con las clases, también echaba de menos Ronda y a quienes acompañaban mi pupitre, también estaba la presión de no bajar expediente... Todo ello hizo que yo misma me hiciera una barrera hacía lo nuevo, que me distanciara, que me aferrara a recuerdos de verano antes que a nuevas caras de otoño, aunque, puede ser (no vaya a ser que se me enfaden las caras de verano) que fuera lo que necesitaba en ese momento, sino no hubiera tomado esa decisión. Eso si, algo tenía claro cuando empecé el máster, nada de representación, nada de meterme en líos con profesores, nada de eso y, sin saber cómo, un día salí de clase siendo, de nuevo, subdelegada. Juro que todavía no entiendo como pasó, necesitaba un año de relax... tras ello vino la beca de colaboración y las horas de las mañanas se redujeron exponencialmente (con lo que yo necesito dormir). El agobio de las clases tampoco ayudaban,que si Guatemala si, que si Guatemala no, que si en un fin de semana tenéis que hacer un análisis... y, encima, el temario no me gustaba, eso no me motivaba para las montañas de trabajo que se acumulaban y, vaya, era un salir del paso, un trámite más. En eso tuvo mucho que ver cierta vocecilla que me hizo abrir los ojos ante el sistema educativo, una forma de credencialismo sinsentido que no pretende que aprendas realmente, sino que saltes obstáculos. Fue, tal vez, a partir de ese momento, cuando fui consciente que iba a sacar mucho más del máster que esos conocimientos teóricos que, vaya, están también escritos en los libros, sino de la experiencia, de las relaciones, de las redes al fin y al cabo.
Pronto llegó diciembre, el frío y la cena de navidad. Tal vez, hasta ese momento, no fui consciente de lo que me estaba perdiendo. Que si no pude ir a Bullas un día porque mi estómago decidió ponerse en huelga, que si no pude ir a Bilbao porque tenía un examen de inglés... todo hizo que me perdiera lo que realmente creo que era importante del máster. Esa fue la chispa que hizo que me planteara mi actitud, que mis miedos no eran más que eso, miedos, y que no podía permitir el volver a aquella niña que le daba vergüenza pedir un vaso de agua o callaba por no molestar.
Pero tras diciembre siempre está el temido enero para los estudiantes, los exámenes empezaron a aparecer ante nosotros y las bibliotecas empezaron a llenarse de estudiantes agobiados. También decir que esos comentario se hacían en el grupo de facebook sobre "no entra nada del temario que nos han dado" etc no ayudaban a tranquilizar pero, como todo, pasaron.
Comenzó el segundo cuatrimestre con una división del grupo: profesional e investigación. Las clases eran más pequeñas (en mi caso podríamos decir que una media de 7), era raro no tener las caras conocidas detrás o a los lados, se echaba de menos, pero supe disfrutar de los momentos con pocas personas. También el cambio de cuatrimestre para mi supuso un cambio en mi actuación, no quería perderme nada, me despedí del miedo del primer cuatrimestre y empecé a ser yo misma.
Fueron cuatro meses, a mi parecer, bastante buenos: que si momentos de histeria en salas de ordenadores, que si más familiaridad con profesores hasta llegar a escuchar un "yo...paso", que si fortalecimiento de redes con pactos de silencio, comidas bajo los árboles, llegar 20 minutos tarde a clase por el hecho de preferir la compañía al aire libre...
Aunque nos separaran por itinerarios eso no hizo que no hubiera quedadas para "fiestear" todos juntos, el Decano y el Chapas se convirtieron en sitios de asistencia semanal obligatoria o para estudiar. También los descansos o algunas clases comunes servían para unir.
Pero, sin darme cuenta, los meses fueron pasando y aproximaron las partidas de los aviones y, la verdad, fue una sensación rara.
Creo que, sin duda, este año ha sido bastante bueno, no por lo aprendido por teorías del desarrollo o los odm, sino por quienes han cogido los aviones y los que se quedaban investigando. He sentido formar parte de un grupo de personas increibles, diferentes y a la vez iguales, en el que he aprendido a sentirme cómoda. No pensé que fuera a echar tanto esos momentos como lo estoy haciendo, de esas canciones (aunque digan mamita loca) o el no saber cómo terminar siendo con la que se meten (intuyo que es por ser la pequeña... :P ), asique creo que tengo que agradecer a cada uno de ellos el haberse cruzado por el máster. Que habrá sido duro en algunos aspectos, que no nos habrá gustado mucho pero, en lo esencial, en las personas que han pasado por él, creo que algunos estarán conmigo al decir que mejor no podría haber sido.
Asique si, esta es mi forma de dar las gracias (también de explicar algo de mi comportamiento). El primer post que haré público de un blog que tiene ya algunos meses de vida y que, hasta el momento, no sentí la necesidad de compartir, hasta ahora...
Gracias a esas estrellas de la cooperación. Quién quiera saber más de esas personas pronto dará a luz estrellasdelacooperación.blogspot.com
P.D: no quiero releer el post, suelen quedarme bastante ridículos cuando quiero decir mucho (en todos los sentidos) y, al final, no digo ni la mitad de lo que pretendía decir.
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